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viernes 6 de enero de 2012

SUICIDIOS EN EL METRO DE CARACAS (COMPLETO)

ESTA ES UNA NOTA INFORMATIVA DE LA REVISTA MARCAPASOS POR SABRINA SEGOVIA M. Y LA FOTOGRAFIA ES DE LUIS MARTINEZ (2010)


Se rompe el tabú: desde que se inauguró el Metro de Caracas en 1983 más de quinientas personas se han lanzado a los rieles. Pero casi la mitad de quienes buscaron suicidarse quedaron vivos. La otra mitad cumplió su propósito. El año pasado, la cifra de arrollamientos –como llaman oficialmente a los suicidios- se multiplicó por seis: de trece ocurridos en 2008 repuntó a ochenta y nueve. A pesar de este elevado despegue, la empresa no ha diseñado un plan de prevención, así que los operadores han tenido que ingeniárselas para minimizar estas muertes voluntarias. Este reportaje fue producto del I Diplomado Avanzado de Periodismo de Investigación de la Universidad Metropolitana e IPYS Venezuela.

Finalmente se le quita el velo a un tema que tiene casi tres décadas rondando en el subterráneo caraqueño. Aunque los funcionarios del Metro de Caracas prefieren ponerle otra etiqueta al término suicidio, en los registros de la empresa están marcadas las cifras de la cantidad de personas que se han lanzado a los rieles para quitarse la vida.
Si el número total resulta impactante, el dato que más eriza la piel es el siguiente: casi la mitad de las personas que se han arrojado a la vía férrea para suicidarse queda con vida. Entre 1983 y 2008, 43,5% de quienes buscaron morir arrollados en los rieles sobrevivieron por causas más vinculadas a la destreza de los operadores de los trenes, el azar y la intervención de leyes de la Física, que a la aplicación de políticas de prevención de suicidios. Esas políticas no existen, de acuerdo con lo comprobado en diversos testimonios de trabajadores de este sistema de transporte.

En veinticinco años de funcionamiento, hubo quinientos veintitrés arrollamientos, como oficialmente llaman en el sistema a los intentos de suicidio: quienes mueren, entran en las estadísticas en la categoría de “sin signos vitales” y quienes sobreviven, en la de “con signos vitales”. El cuadro “Distribución de Arrollamientos según Años”, del anuario estadístico 2008, publicado en junio de 2009 por la Gerencia Ejecutiva de Transporte del Metro de Caracas, indica que doscientos noventa y cinco personas (56,4%) lograron quitarse la vida y doscientos veintiocho (43,5%), no.

La elevada tasa de sobrevivencia no obedece a que exista un plan establecido de prevención del suicidio. Los operadores sólo reciben entrenamiento en módulos de adiestramiento que imparte el Servicio Psicosocial de la empresa. Allí aprenden qué hacer una vez que los suicidas se lanzan a los rieles, pero no los instruyen formalmente para evitar que los usuarios salten.

El tema del “arrollamiento” está explicado en la letra G del acrónimo M.U.R.C.I.E.L.A.G.O.S., una matriz en la que cada inicial corresponde a una actividad específica de acción de los operadores (revisión de las vías, “mal súbito” de pasajeros o conductores, evacuación, alarmas). La G viene de Gamma, que es como llaman al procedimiento que se activa cuando hay un “presunto suicida” en el andén. El Centro de Control de Operaciones (CCO) de cada estación informa entonces por los parlantes: “Personal operativo, actividad G en curso”.
Así está reglamentado en el Módulo de Conducción de Trenes en la Vía Principal. Pero en este manual no hay lineamientos para la prevención de suicidios. Los trabajadores, por iniciativa propia, han aprendido a detectar conductas suicidas con información que se transmite boca a boca a través de un entrenamiento empírico, confirmaron varios operadores en servicio, algunos con hasta dieciséis años de antigüedad, que pidieron no ser identificados por temor a sanciones de sus superiores.
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Los operadores del CCO tienen la tarea de mantenerse alertas ante los monitores y detectar aquella persona sospechosa: alguien que tenga actitudes tipificadas como de “posible suicida”, es decir, que manifieste conducta errática, que camine de forma acelerada de un punto a otro, que muestre signos de haber llorado, que mire mucho a las cámaras.

Si el operador (u operadora) ubica a alguien así en el andén, le solicita discretamente que abandone la estación. Y no ha pasado nada. Nadie se entera de nada. Llega el vagón, unos salen, otros entran, como si nada. Ésta, por supuesto, es la medida preventiva no formalizada por excelencia. Es el escenario ideal para evitar que aumente esa veintena de suicidios anuales que ocurren en el Metro de Caracas desde que comenzó a funcionar el dos de enero de 1983, según revelan los anuarios estadísticos de esta compañía.

Es el deber ser porque la verdad es que no hay suficiente personal para actuar cada vez que aparece en los monitores un “potencial suicida”.

Una operadora de este centro de control admite que no se dan abasto para actuar cada vez que se detecta, si es que lo ven, a alguien con signos de lanzarse hacia los rieles. No es para menos: tratan de vigilar por las cámaras a dos mil personas cada cierto tiempo por andén. “Es demasiada gente. Más de dos millones de personas viajan a diario en el Metro de Caracas, y mucha veces los suicidas pasan inadvertidos”.

Los números del departamento de Recursos Humanos dicen que siete mil doscientas treinta y dos personas trabajan en la Compañía Anónima Metro de Caracas, de las cuales tres mil ciento noventa y tres son operadores, mientras que ochenta y cuatro son personal de confianza (directivos y gerentes).
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Desde que la Compañía Anónima Metro de Caracas se inauguró en 1983, veintidós personas por año, en promedio, han saltado a las vías de su sistema, revelan las últimas cifras calculadas hasta diciembre de 2008 por la Dirección General de Estadística. Pero en 2009 hubo un repunte, significativo: el número de arrollamientos se sextuplicó. El balance de 2008 cerró con trece arrollamientos y en 2009 con ochenta y nueve, de acuerdo con los registros del Servicio Psicosocial de la empresa, todavía no procesados en el anuario estadístico de este año que aún no se ha publicado. Aun con este crecimiento en la cantidad de personas que buscaron quitarse la vida en el Metro el año pasado, no hay señales de que las autoridades estén diseñando un proyecto de programa de prevención de suicidios.
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Varios factores han contribuido al alto índice de fracasos de los suicidios en el Metro de Caracas: la experticia del operador −estimulada por la visibilidad de la vía férrea desde la cabina−, la velocidad del tren, principios de la Física como la inercia y las “fuerzas de roce”, además del azar, que determina la posición del potencial suicida en el andén.

Todas estas variables intervinieron para que Federico (*) no muriera el día que se lanzó a los rieles de la estación Plaza Venezuela, el veinticuatro de septiembre de 1985, a las tres de la tarde,
el Metro de Caracas apenas tenía dos años en funcionamiento.

Santiago (*) era el operador del tren 107. Desde su cabina, cuando el tren estaba a punto de entrar en la estación, divisó a un hombre blanco que caminaba al filo la raya amarilla, que se acercaba más y más al borde de la vía.

Federico, un economista de treinta años, estaba parado en la mitad del andén, esperando el tren que vendría en dirección a Chacaíto. Desde esa ubicación, la posibilidad de que la colisión tuviera un impacto mortal era menor, pues el tren ya había disminuido la velocidad. Según la experiencia de tres operadores en servicio, los suicidas que se sitúan en la boca de entrada del túnel al andén tienen mayor probabilidad de cumplir su objetivo, pues el tren viene llegando con mayor fuerza; esta velocidad varía entre los cincuenta y los sesenta kilómetros por hora en cada línea del Metro de Caracas.

El campo visual que tenía Santiago fue determinante para salvar la vida de Federico. Según dos operadores de trenes, con cinco y ocho años de servicio, si el túnel cercano al andén es una línea recta la visibilidad del conductor, con las luces encendidas, es de cincuenta a sesenta metros de ancho, como el gran angular de una cámara. Eso le da tiempo suficiente para activar el botón de emergencia, reducir al máximo su velocidad y minimizar el impacto del arrollamiento. En cambio si el tren pasa por un curva antes de llegar a la estación, ese campo visual se reduce a entre tres y diez metros, lo que complica la capacidad del operador de disminuir el impacto, pues la aplicación de la parada de emergencia podría ser tardía.

El túnel de la estación Plaza Venezuela es una línea recta, por lo cual Santiago pudo advertir a tiempo los movimientos de Federico. El operador del tren 107 accionó el botón de emergencia y fue aquí cuando intervino la Física: la ley 1 de Isaac Newton que es la inercia, y el principio de “las fuerzas de roce”. El tren redujo drásticamente su velocidad por el frenado automático, con lo cual se produjo una fuerza de roce o fricción entre las ruedas y los rieles, ambos de metal, lo que llevó al tren a un estado de inercia o de “velocidad cero”. Así lo explican los profesores de Física del Instituto Pedagógico de Caracas, María Eugenia Benítez y Leonel Cantillo.

Esto generó una corriente de aire que arrastró a Federico hasta un nicho de cuarenta centímetros en los rieles, frente al andén (justo debajo de las losas donde suelen desplegar anuncios publicitarios en las estaciones, donde puede verse también el nombre de la terminal). Allí cabe una persona con facilidad. El tren le pasó por encima y rozó sus dedos.

Entretanto, Santiago siguió con el protocolo estándar, el mismo que se aplica en la actualidad: solicitó el corte de corriente del andén (pues uno de los dos rieles está electrificado con setecientos cincuenta voltios) de la estación Plaza Venezuela e informó al Centro de Control de Operaciones de un “clave 1”, el código cifrado para los arrollamientos. “No sentí un impacto fuerte del usuario contra el tren. Hay que mantener la calma, esperé a que vinieran por mí”, reveló el operador del tren 107.

Su sorpresa fue que Federico se levantó, herido, ensangrentado, y salió de la vía por sus propios medios. El informe del evento, identificado con el número CC0N°02VEN140-85, revela que Federico sufrió una “amputación traumática de los dedos índice y medio a nivel de la falange de la mano derecha, excoriaciones y heridas en la región ciliar derecha, pómulo derecho y traumatismo en el tórax”. Los operadores confirman que muchas de las personas que siguen “con signos vitales” en las estadísticas de arrollamientos, quedan mutiladas. Pero no hay un registro de cuántas son.

Ana Isabel Ruiz, psicóloga clínica, única suicidióloga del país y directora de la Red Venezolana de Ayuda al Suicida, dice que el hecho de que el Metro de Caracas guarde el tema como un tabú lleva a ignorar que unas de las principales consecuencias de los intentos de suicidio son las mutilaciones.

“Esta gente piensa en la muerte como la solución a sus problemas, y quizás sus intentos de ...fallecer son el inicio de inconvenientes muchos más graves y complejos. La parte psicológica y emocional la complicas con una condición limitante física, como no poder caminar, andar sin un brazo; eso es peor para el suicida, debido a que se va a deprimir mucho más y buscará más vías para morir. El Metro debe dejar el tabú y llamar las cosas por su nombre. Suicidio es el término sociológico y clínico correcto, no arrollamiento. Tenemos que desmitificar el suicidio, informar a la gente de lo que sucede. Eso es evitar una ola de suicidios”.

Federico, con su flux marrón rasgado, rebanados los dedos índice y medio de la mano derecha, cuero cabelludo lacerado, rostro con “una marcada palidez”, gesto confundido –como indica el informe médico y como lo recuerda Santiago, el operador del tren 107– logró salir del nicho y se subió hasta la isla de concreto. El CCO de la estación indicó por los parlantes: “Inicio de comunicaciones, arrollamiento en la estación de línea 1, estación Plaza Venezuela”, tal como lo hacen en la actualidad.

El supervisor en CCO pidió al responsable del sistema aplicar un corte general de energía e inmediatamente evacuaron a los usuarios de la terminal. Un operador en servicio de Protección al Usuario retuvo a un testigo del hecho, de nombre Arturo (*), un médico que trabajaba en el hospital Ricardo Baquero González, Periférico de Catia. Posteriormente otros dos operadores de Protección al Usuario bajaron a la vía, colocaron barreras de protección al sitio del suceso y efectuaron la inspección ocular.
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La estación Plaza Venezuela, una de las más concurridas del sistema, es el cuarto terminal favorito para las personas que buscan la muerte en los rieles: allí ya se han lanzado veinte nueve personas aparte de Federico, entre 1984 y 2005. Las otras tres estaciones predilectas son Capitolio con cuarenta y cuatro casos, seguido de La Hoyada con treinta y ocho y Plaza Sucre con treinta y seis, destaca un boletín de la Coordinación de Seguridad Técnico Operativa del Metro de Caracas que procesó estos números entre 1984 y abril de 2005.

Las horas a las que más se lanzan los suicidas en el subterráneo de Caracas son entre las nueve y las once y treinta de la mañana y pasadas las siete de la noche. Alguien que salta tan temprano significa que pasó la noche mal, y si se lanzó en la noche es porque pasó todo el día con un peso muy grande y decidió no aguantar ni un minuto más, interpreta la psicóloga Ruiz esta tendencia.

Personas como Federico tienden a elegir la línea 1 del Metro de Caracas por ser la más antigua, por tener el mayor número de terminales, por estar cerca de centros de trabajos y por ser la que atraviesa la capital de este a oeste, señala Ruíz. El anuario estadístico elaborado por la Dirección General de Estadística del Metro precisa que, entre 1983 y 2008, en la línea 1 hubo cuatrocientos trece eventos, en los cuales doscientos cuarenta personas murieron (58,1%) y ciento setenta y tres (41,8%) sobrevivieron; en la línea 2 hubo ochenta y tres: treinta y ocho (45,7%) quedaron con vida y cuarenta y cinco (54,2%) fallecieron; y en la Línea 3 (Plaza Venezuela- La Rinconada), de más reciente funcionamiento, veintisiete personas saltaron a las vías: diez murieron (37%) y diecisiete sobrevivieron (62,9%).

La línea 3 −inaugurada en 1994, expandida desde El Valle hasta La Rinconada en 2006− tiene el índice de fracasos de intentos de suicidio más elevado de todo el sistema (62,9%), a pesar de tener las mismas características de las otras líneas: trenes de entre seis y siete vagones, velocidad de entrada entre cincuenta y sesenta kilómetros por hora, un riel electrificado con setecientos cincuenta voltios y una velocidad máxima permitida en los túneles de ochenta kilómetros por hora, precisa Roberto Trutschel, comisario retirado de la Disip y primer Gerente de Protección al usuario de El Metro de Caracas.

Federico, una de las únicas dos personas que quedaron con vida de entre las cinco que saltaron a las vías en 1985, entra en las tendencias mayoritarias de las estadísticas antes presentadas: el grueso de la gente que se lanzó a los rieles entre 1984 y 2005 tenían entre quince y cincuenta y cuatro años de edad (trescientos cincuenta y nueve de cuatrocientos sesenta y cinco personas). 60,4% de los casos fueron hombres.

La suicidióloga Ana Isabel Ruiz explica que las mujeres utilizan poco el Metro para suicidarse, porque prefieren métodos menos agresivos, que afecten poco su estética y las haga sufrir menos. “Intentan métodos con los que esperan van a quedar intactas, con los que no van a sufrir de alguna deformación. Siempre piensan en la idea fantasiosa de cómo se verán en el velorio, en la urna. En cambio los hombres usan métodos más fuertes y peligrosos, más asociados a la cultura machista”.

El informe de la inspección ocular sobre Federico, proveniente de la Gerencia de Operaciones e identificado con el número VEN140-85, detalla que el suicida era un trabajador de la empresa petrolera y que en la escena encontraron partes de dedos desprendidos, un carnet, restos de sangre ..un zapato negro roto y unos cigarrillos tirados. Todas estas evidencias fueron fotografiadas y recogidas con guantes por los operadores de Protección al Usuario, quienes hicieron una planimetría, revisaron que no hubiera obstáculos debajo del tren, limpiaron con extintores el lugar, confirmaron a CCO que la “vía quedó liberada” y quitaron las barreras de protección. CCO normalizó el sistema y devolvió la electricidad al tramo afectado. Luego el supervisor de línea condujo el tren 107 en dirección a Chacaíto, y a las tres y cuarenta y uno de la tarde restablecieron el servicio. Los bomberos trasladaron a Federico en una ambulancia al Hospital Clínico Universitario. Una vez que el Metro de Caracas entrega el cuidado del sobreviviente a los paramédicos, deja de hacer seguimiento de su evolución.

Su esposa recuerda que fue a recogerlo al hospital. “Federico era un hombre deprimido”, dijo parca, vía telefónica, y prefirió no hablar más. En el Registro Electoral venezolano Federico aparece como fallecido.

La idea de este procedimiento, explica Roberto Trutschel, es que todo se haga en el menor tiempo posible a fin de que la estación vuelva a la operatividad y no colapse el sistema. Es el mismo que el Metro de Caracas ha aplicado durante sus veintisiete años de existencia, confirman dos operadores de Protección al Usuario.

Los operadores que han sido protagonistas de arrollamientos –que han ido conduciendo el tren cuando una persona se lanza a la vía férrea delante de él—reciben tratamiento psicológico después del incidente y tres días de permiso. Durante la terapia, los psicólogos que los atienden en el Centro Médico Ché Guevara (establecido desde 2010 para los empleados del Metro de Caracas en el centro de la ciudad, junto a la estación Teatros; antes los trabajadores eran atendidos en el Complejo Caño Amarillo) tratan de convencerlos de que no fueron culpables. Si el operador tarda mucho en recuperarse del trauma, el permiso puede prolongarse hasta por quince días o hasta puede ser suspendido.

“Siempre activamos la parada de emergencia, a veces salvamos una vida, muchas veces mueren descuartizados”, comenta un operador que ha sido protagonista de dos arrollamientos. Otro operador de tren que vivió uno de estos incidentes dice: “el Metro de Caracas no está hecho para matar a las personas. Ver morir a un ser humano es duro y a veces es difícil de soportar. Uno queda en shock. Pero también se siente alivio cuando gracias a nuestro esfuerzo la persona sobrevive al impacto”.

“Los arrollamientos forman parte de la vida de los funcionarios del Metro”, remata Santiago, el operador del tren 107.

Alejandro (*) conducía el tren 108, dos meses antes del episodio de Federico, el diecisiete de julio de 1985 a las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde. Eloísa (*), una joven de diecisiete años embarazada de siete meses tras un amorío con su profesor de Educación Física que terminó en ruptura, se lanzó desde la boca del túnel que llega al andén, justo cuando el tren entraba a la estación Bellas Artes.

No hubo tiempo para que Alejandro reaccionara con la anticipación suficiente. Había notado los actos inseguros de la joven un poco tarde, pues el túnel que va a dar a esa estación tiene una curva y eso dificultó su visibilidad. Apenas la vio, Alejandro activó la parada de emergencia, el tren comenzó a reducir la velocidad, ella saltó y chocó contra la “careta” del tren, como llaman al vidrio frontal, se deslizó hacia las vías y las ruedas metálicas la engancharon. Eloísa sí murió.
Eloísa, tez blanca y cabello negro, estudiante de enfermería del segundo año, se perdió en el sistema: CCO no se percató de su jugada. El CCO pudo haber tenido más oportunidad de detectarla que hoy en día, porque en 1985 aproximadamente ciento cuarenta mil personas usaban la línea 1 a diario, la única que existía entonces. Apenas siete por ciento de la cantidad actual de usuarios.

Una de las últimas personas en ver a Eloísa fue Valentina (*), quien estaba también en el andén durante el episodio. Valentina contó que Eloísa “se acercó demasiado a la vía”, consta en el expediente número BAR -62-85. “Su rostro estaba muy enrojecido y tenía signos de haber llorado mucho”.

El expediente, que se elaboró tras realizar el protocolo de rigor, dice que Eloísa presentó mutilaciones, desprendimiento de vísceras y múltiples fracturas. Dos operadores en servicio de Protección al Usuario recolectaron sus restos con guantes especiales y los introdujeron en una bolsa diseñada para este fin. Luego los llevaron a un cuarto de la terminal, hay uno de este tipo en cada estación, mientras esperaban por Medicatura Forense para que los recogiera, junto con los reportes del caso.

A los restos que quedan en los rieles tras estos incidentes los trabajadores los llaman, con mucha naturalidad, “tegumento”. La definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que el tegumento es el “órgano que sirve de protección externa al cuerpo del hombre ...y de los animales, con varias capas y anejos como glándulas, escamas, pelo y plumas”.
Luego vino el resto del procedimiento y la estación restableció el servicio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha registrado que unas tres mil personas se suicidan diariamente en todo el planeta, y que por cada suicidio hubo antes veinte ciudadanos que lo intentaron. Estima que cada tres segundos se produce un intento suicida en alguna parte del mundo, y cada cuarenta segundos muere una persona por esta razón. El suicidio es una las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de quince a cuarenta y cuatro años. Las proyecciones de la OMS para 2020 dicen que alcanzarán los 1.5 millones de fallecimientos anuales.

Las razones por las que más se suicida la gente en Venezuela son el desempleo, la pobreza, la pérdida de seres amados, la ruptura de relaciones y problemas legales o laborales, según la psicóloga Ana Isabel Ruiz. El suicidio comparte con los homicidios la tercera causa de muerte en este país, de acuerdo al Anuario de Mortalidad 2006 del Ministerio de Salud, publicado en septiembre de 2007.
Hasta 2006, había más bien una tendencia a la baja en los suicidios en Venezuela, según estadísticas del Ministerio de Salud. En 1998, 4,92 personas por cada cien mil habitantes se quitaban la vida en este país; en 2006, 3,80.

El repunte de arrollamientos en el Metro de Caracas en 2009, setenta y seis más que el año anterior, hace más urgente para la psicóloga que sus autoridades diseñen una política de prevención de suicidios y abandonen “la política del silencio” sobre este tema.

Uno de los psicólogos del Metro de Caracas, consultado para este trabajo, quien fue también operador de trenes durante dieciséis años hasta 2002, atribuye el aumento en las cifras al crecimiento de la cantidad de pasajeros en el sistema. “E inevitablemente también se relaciona con los cambios sociopolíticos del país”.

Por su parte, Pilar Sáiz, profesora titular del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, España, señaló en una ponencia reciente (2009) que se pueden reducir los suicidios en sistemas de transporte público si las autoridades “incrementan la formación de los profesionales de la salud; si se restringe el acceso a los principales métodos suicidas; si se fomenta la concienciación sobre el problema a nivel comunitario y entre profesionales sanitarios, y si se facilitan las medidas de soporte adecuadas a aquellas personas que hayan realizado tentativas suicidas o que, de modo indirecto, se hayan visto afectadas por ellas.”

Ana Isabel Ruiz ofrece la Red Venezolana de Ayuda al Suicida para elaborar una campaña de prevención contra el suicidio en el Metro de Caracas que incluya técnicas de “primeros auxilios psicológicos”, además de promoción de su página web y de su línea telefónica (02127156931) de ayuda al potencial suicida en carteles pegados en todas las estaciones, información sobre el tema en trípticos que podrían repartirse también en las estaciones.

Roberto Trutschel dice que el Metro de Caracas también podría activar planes de prevención contra suicidios aplicados en otros países del mundo.

Según un reportaje publicado el veintidós de septiembre 2009 por Elías Notario, en el portal especializado en tecnología la Guía del Geek (http://alt1040.com/) la empresa japonesa East Japan Railway Company comenzó a instalar lámparas LED en estaciones del Metro de Japón. Estas lámparas emiten una luz azul que, según pruebas pilotos, tiene un efecto tranquilizador que puede calmar a los suicidas en potencia.

La agencia de noticias española EFE publicó el veintiséis de enero 2009 que Japón está financiando una campaña educativa de gran envergadura a favor de la vida, donde se muestran carteles, afiches en las carteleras y paredes de las estaciones. Además instalaron puertas corredizas en los andenes, que sólo se abren cuando llegan los trenes. Así mismo, el gobierno de Japón financia a grupos que organizan eventos para formar a voluntarios capaces de disuadir a los suicidas, con conferencias sobre relaciones personales y el trato que deben ofrecer a personas con graves problemas. Esos voluntarios reparten folletos en las estaciones en los que detallan cómo identificar y tratar a un suicida, con algunos consejos básicos: escuchar con tranquilidad, mantenerse sereno y buscar ayuda externa para disuadirle de sus intenciones.

El primer ex ministro japonés Hatoyama Yukio aplicó en 2009 otra medida que consiste en ofrecer ayuda profesional psicológica en las Oficinas Públicas de Empleo “Hello Work”, destinada a las personas que no logran encontrar un trabajo. Este plan estaría dando frutos, pues en los tres primeros meses de 2010 los suicidios cayeron nueve por ciento con relación al mismo periodo de 2009, cuando tres mil personas se suicidaban al mes, información emitida por la Policía de Japón, según una nota del sitio Noticias Nipon (http://noticiasnippon.com/) del veintisiete de enero de 2010.
Todas estas medidas se podrían aplicar en el país y evitar que más venezolanos mueran por este motivo. Para confirmar si la Compañía Anónima Metro de Caracas evalúa el repunte en la tasa de suicidios en sus estaciones a fin de diseñar algún proyecto de prevención, y para obtener la versión oficial de la institución sobre las cuestiones aquí planteadas, se envió una solicitud de entrevista con el presidente Víctor Matute y el gerente corporativo de Protección Integral, Oswaldo Colmenares. No ha habido respuesta hasta ahora.

(*)Federico, Santiago, Arturo, Eloísa, Alejandro y Valentina son nombres ficticios. Los hemos usado para proteger su verdadera identidad, a petición suya, en algunos casos, y de su entorno en otros. Los operadores tampoco han querido revelar sus nombres para este trabajo, para evitar sanciones de sus superiores.

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viernes 7 de octubre de 2011

El Profesor de Ciencias

Jonh, hombre blanco,de nacionalidad norteamericana, soltero sin ningun problema psiquico aparente y muy tranquilo a ojos ajenos, ese era mi hombre, un asesino en serie, quizás uno de los mas listos. No tenia un perfil destacado de victimas, las elije al azar, solo busca divertirse. Sentir lo que siente un asesino cuando mata, la adrenalina que se suelta al matar quizás para los asesinos es como una droga, es como cuando se tiene el mono ,hasta que no te pinchas no estas a gusto. Aunque se exactamente su paradero, me mantengo al margen de él, sus movimientos eran sutiles y muy inteligente, jugaba al ajedrez con todos, sabia a quien matar, como y por qué y hasta de que manera. No era quisquilloso a la hora de matar. Tenia sus datos, su numero de teléfono, sus cuentas con la justicia que no eran ninguna, lo más sorprendente es que era un "asesino invisible", bajo el profesor de ciencias titulado habia un gran actor y un gran cuchillo amenazante...pero tambien invisible. Seguía sus pasos, bajaba todas las mañanas al perro y compraba el "New york times" y un cafe largo. Me sabía todas sus salidas pero el único paso que me faltaba por dar era el detenerle, cada vez lo veia mas lejos. Era como una obsesión, noche tras noche el mismo rompecabezas, es como un enemigo invencible, por mucho que le mates se volvera a levantar. Harto de tener que esperar decidi tomar medidas mas drasticas en el asunto. Decidi conocerle, me habia estudiado todos sus movimientos y ya sabia como tenia que estudiar. Cada dia estudiaba mi papel, tenia que actuar sigilosamente, como él actuaba listo y confiado de su victoria. Logré hablar y que tuviera confianza en mi,me aterraba pensar en si un dia e invitaria a cenar, pero el trabajo es asi, me imagino que son gajes del oficio. Una noche vi desde mi atico como subia a una chica a su cuarto. Mi telescopio fue testigo de mi constante obsesión por cazar al maldito asesino invisible. Llame a Carl,y este a su vez alerto a una patrulla, desde luego iban todos de paisanos. Tenia un presentimiento, lo conoci sabia que la iba a matar, sabia que lo estaban observando y eso le daba aun mas morbo, de pronto los coches se colocaron pasando desapercibidos y algunos indigentes, simples compañeros haciendo su papel. La sombra del mismo le delató, sus intenciones translucidas me hicieron alertar a la patrulla. Él ni corto ni perezoso saco un cuchillo y atraveso a la joven. Y se atraveso a él, quizás se vio agobiado, sabia que le saldria todo mal y prefirio una supuesta victoria a un fracaso lleno de rejas y una vida autista. El caso 98576 Bk se cerro pero habia una incógnita más....que  contare cuando termine el caso.

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lunes 26 de septiembre de 2011

ACCIDENTE

La sensación era extraña. La podía soportar pero le inquietaba no encontrar una explicación. Todo había comenzado hace algunos minutos cuando conducía su automóvil de regreso a casa luego de otra monótona jornada de trabajo. Inesperadamente y por una décima de segundo el mundo exterior se oscureció y los sonidos desaparecieron. El incidente fue tan rápido que no perdió el control del vehículo. Ahora conducía con aparente normalidad pero sabia que algo no andaba bien. Las imágenes de los autos que tenia adelante a veces parecían querer esfumarse y el ruido del transito lo escuchaba lejano y confuso. El estomago le hormigueaba y las palmas de las manos estaban sudorosas pues temía que en cualquier momento el hecho se repitiera y se produjese un accidente. Pensó que era mejor ubicar un lugar para estacionarse y esperar a sentirse mejor. Miró por el espejo retrovisor y se percato que le iba a ser difícil maniobrar en esas circunstanciadas para llegar al borde de la autopista. Sin embargo comenzó a aminorar la marcha y encendió la señal izquierda. Hizo un esfuerzo para mantener la tranquilidad pese a que los automóviles que lo rodeaban parecían ahora desvanecerse con mayor intensidad. Giró el volante para cambiarse de senda y en ese instante sobrevino el golpe. Un ruido de metal le invadió el cerebro y luego sobrevino la nada. Abrió los ojos pues nítidamente escuchó el cercano ulular de una sirena. Varios rostros le miraban con curiosidad desde arriba, por lo que concluyó que se encontraba en el suelo. ¿Por que lo habían retirado de su automóvil? La pregunta se la hizo con cierto enojo, pues seguramente lo habían removido manos inexpertas y presurosas que le pudieron haber hecho daños innecesarios. Se tranquilizo pues no sentía ningún dolor y todo parecía normal. Escucho murmullos y pasos rápidos, por lo que la atención medica ya estaba allí y la sirena que escuchó seguramente provenía de una ambulancia que venía en su auxilio. Trató de mirar hacia el costado para observar como había quedado su coche pero sus orbitas no respondieron por lo que prosiguió mirando recto hacia arriba, donde ahora los rostros se apartaban para dar paso a los de quienes habían llegado. Esperó ver un medico que le preguntara como se sentía, pero solo observó dos nuevas caras, algo indiferentes que le observaban sin expresar sentimientos. De pronto una mano se posó en su rostro e intento cerrarle los ojos con fuerza causándole cierto dolor. Quiso protestar pero sus mandíbulas, su lengua, sus cuerdas vocales no le obedecieron. Pensó que pese a que no sentía dolor ni malestares, el choque había sido más grande de lo que imaginaba y estaba afectado por una parálisis temporal, como parte del shock. No me vendrá mal una temporaria estadía en un hospital, así podré saber que me causó el desmayo, especuló mientras sentía que comenzaban a manipular con su cuerpo. Le pusieron una dura tela por debajo y comenzaron rápidamente a cubrirlo, mientras en voz alta (demasiado alta) gritaban a los curiosos que se retiraran. Sin poder creerlo oyó el ruido de una cremallera, algo plástico y frío cubrió su rostro y de nuevo lo invadió la oscuridad, pero esta vez matizadas por ruidos, voces y el rugido de los autos que continuaban pasando por la autopista. ¡Hey que hacen, no me dejan respirar, no me tapen el rostro!, gritó desesperadamente. O mejor dicho, quiso gritar, pues ningún sonido salió de su paralizada garganta. Los pensamientos se le agolpaban en la mente sin encontrar salida, mientras sentía sin poder ver, como manos firmes lo izaban hasta una dura camilla que ruidosamente lo condujo hasta un vehículo que no tardo en partir velozmente. Dando tumbos, encontró sin embargo algunos minutos para rehacer los sucesos. Sobreponiéndose al miedo pudo comenzar a razonar. Yo me siento bien. No puedo moverme pero respiro. No siento dolores. Brazos y piernas parecen estar en su lugar. Concluyo que no estoy grave o por lo menos podría estar peor y sufriendo. Bueno todo se va a aclarar cuando llegue al hospital, me estudien y pueda ver a mi familia... ¿Hospital?. ¿Desde cuando llevan aun paciente al hospital envuelto en algo frío y plástico, sin ninguna asistencia ni palabra de aliento? Un frío, amenazante y terrorífico pensamiento comenzó poco a poco a invadir su cerebro. Lo desechó de inmediato. Él era una persona racional. Trabajaba toda la semana sus ocho horas como eficiente y anónimo contador en una cadena de tiendas de ropa deportiva. Tenia su esposa, Graciela, maestra de pre-escolares y su hija Rafaela una entusiasta estudiante con sueños de artista. Compartía con su mujer el gusto por el buen comer, la vida saludable y una buena película vista el sábado en casa junto a amigos. Por lo tanto, pensaba, nada extraño ni perturbador podía pasar en su vida. Sin embargo la oscura idea seguía rondando por su mente. ¿Acaso esto será la muerte? Si es así, yo estaba en el suelo porque ya me habían atendido los médicos y lo que me envuelve es nada mas ni nada menos que un saco de plástico. Soy un frío y paralizado cadáver, nada mas que eso. En su mente y no en su rostro se dibujó una sonrisa. Eso era imposible. Estaba desvariando como consecuencia del choque. Ya todo se va a solucionar, se dijo con un optimismo que realmente no sentía. La realidad le cayó encima como un rayo. El vehículo se detuvo y no hubo hospital. Solo un desprolijo traslado por corredores con sonidos de puertas que se abrían y cerraban. Un rápido intercambio de palabras entre personas que no podía ver, el rasgado de una pluma sobre un papel y luego el ultimo abrir y cerrar de una puerta metálica. A partir de ese momento solo silencio, oscuridad, frío y desesperación. ¿Dónde estoy? Aquí todo parece ser frío y metálico. No hay gente a mi alrededor. Estoy abandonado. ¿Qué es esto? Un grito desgarrador se formo en su interior y allí quedó sin poder concretarse en los músculos sin respuesta. Los minutos pasaron, la respiración comenzó a normalizarse y sus pensamientos (los únicos acompañantes que había tenido en las ultimas horas) se fueron ordenando. Alejandro, si estas muerto estas muerto. Tarde o temprano sucede. Una lagrima quiso formarse en sus ojos y no pudo. No soporto la idea de faltar en mi familia. ¿Qué pasara con Graciela? ¿Que hará mi hija? Mi madre va a pensar que todo esto fue consecuencia de mi eterna distracción. Esto es injusto aun me faltaba mucho por hacer y de pronto todo se termina. En realidad no tanto, yo sigo pensando, sintiendo, escuchando, oliendo y en realidad estoy percibiendo que comienzan a aparecer síntomas de hambre pues estoy en la hora de la cena. La muerte no es tan horrible. Hasta voy a poder ver quienes son los que realmente lloran en mi velorio. Una sonrisa intento nuevamente en vano formarse en su rostro. Alejandro comenzó a tranquilizarse. Solo sentía una gran curiosidad e intentaba buscar respuestas inaccesibles a eternas preguntas, mientras las horas transcurrían lentamente en el silencio total que lo rodeaba, poco a poco el sueno lo invadió. Durmió casi en paz. En paz pues no podía saber que le había ocurrido. En realidad aun nadie sabía del nuevo y terrible virus que había comenzado a afectar a cientos de personas en el mundo, aun sin ser detectado por los científicos. El virus (todavía sin nombre) afectaba directamente a las neuronas cerebrales, manteniéndolas incomunicadas con el exterior. Eran capaces de hacer sentir al cuerpo humano, calor, frío, dolor y sentimientos, pero no tenían capacidad de hacerlo reaccionar. La nueva enfermedad recién comenzaba y actuaba aun en el anonimato, dando síntomas de muerte cerebral en cuerpos vivos. Un sollozo lo despertó. Instintivamente quiso abrir los ojos, pues reconoció el llanto de su hija y las palabras quebradas de Graciela. El sonido venia desde afuera, él seguía dentro del cubículo de metal. En un desesperado intento de calmarse pensó que esto recién comenzaba, estaba sintiendo el mismo dolor en la espalda que lo preocupaba cada vez que despertaba en la mañana. Todo sigue casi igual, se dijo. Ahora podré ver a mi familia en el velorio y veremos que pasa después. ¿Velorio? Nada de velorios en mi muerte, había sostenido desde su juventud. Incluso no hacia mucho tiempo había firmado un documento con su amigo, Roberto el abogado, en el que autorizaba su cremación y el esparcir sus cenizas en la playa. El recuerdo le vino nítido. Un grito de terror se ahogo en su garganta, mientras un seco ruido metálico señaló la apertura de la compuerta donde se veían avanzar las rugientes y sofocantes llamas.

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lunes 19 de septiembre de 2011

Adios....

Escuche una conversacion de una pareja en la plaza cerca de donde vivo, la conversación más o menos fue así:

¿Pero cómo me dices eso, haragán? ¿A qué quieres que espere? Mira, ya estoy más que harta de tus dudas y de que no seas lo bastante hombre como para tomar decisiones. Yo, a estas alturas, si no estuviera contigo ya estaría casada y con hijos. ¿Es que no tengo derecho a tener lo que tienen las demás? No sabes lo que me afecta oír a mis amigas hablar de sus parejas como sus "maridos". Veo la satisfacción en sus caras cuando hablan de sus hijos... Yo no te pido tanto, pero parece que tu egoísmo es superior a mis necesidades. ¡Necesidades vitales, José, cualquiera lo podría entender! Pero tú... No sé ni para qué pierdo el tiempo hablando contigo si ni siquiera me estás escuchando. Míralo, ahí plantado con esa cara de bobo, ¡Ey, que te estoy hablando! Mira, no puedo más, no lo aguanto, es superior a mi. Tengo los nervios destrozados y de un tiempo a esta parte creo que algo en mi se está desvaneciendo, algo importante. ¿Y sabes lo peor de todo? ¿Sabes lo que es realmente grave, Jose? Que está dejando de importarme. No creo que me entiendas desde el interior del mundo en que te hallas inmerso, y yo ya me he cansado de intentar hacértelo entender. Me voy, Jose. No creas que esta vez es como las demás, ya no somos unos niños. Te he querido mucho, y tú me has querido a mi, y se que todavía nos queremos. Pero algo no funciona. Intuyo que ese algo era insignificante cuando nos conocimos. Ya existía, pero no pudimos verlo. Ahora comprendo que si seguimos juntos, con el paso de los años se irá acrecentando inexorablemente hasta separarnos por completo. Viviríamos juntos, pero cada uno en su universo particular. Y no nos lo merecemos. Adiós, José.

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sábado 17 de septiembre de 2011

EL QUE MADRUGA.....

Julián madrugó para ir a correr. Se calzó con sus zapatos deportivos, lavó su cara, y bajó las escaleras de dos en dos. Aún no salía el sol. Se escuchaban los pájaros, las chicharras y algunos gallos. A las dos cuadras comenzó a sentir unos pasos que lo seguían, sonaban como unas alpargatas que caminaban rápido tras él. Volteó, y vio a unos diez metros a un viejo de cabello blanco y ojos desorbitados. Aceleró el ritmo, pero la presencia no se distanciaba. A veces volteaba y no estaba, pero pronto escuchaba de nuevo las alpargatas, y cuando volteaba allí estaba a veces más cerca, otras más lejos. Bañado de sudor, con el corazón brotado, Julián quiso cruzar la calle. Fue arrollado por un auto salido de la nada.
--
- Ud. me parece conocido- escuchó Julián.
Al abrir sus ojos, se percató que estaba en una clínica, y que quien le hablaba era un médico cuyo rostro había visto tres veces esa madrugada.

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viernes 16 de septiembre de 2011

POST N° 100 ¡¡GRACIAS!!


ESTE ES MI POST N° 100



Y SE LO DEDICO A CADA UNO DE USTEDES DICIENDOLES

¡MUCHAS GRACIAS!

POR ESTAR SIEMPRE AQUI DESDE EL AÑO 2008
AMIGOS, FAMILIARES Y PERSONAS DE TODO EL MUNDO, ¡HASTA DE COSTA DE MARFIL HAN ENTRADO AL BLOG!

POR ESO

PARA USTEDES EL SIGUIENTE VIDEO

GRACIAS, ¡ MUCHAS GRACIAS A TODOS !


QUE DIOS LOS BENDIGA

La chica del cyber

 Me encontraba en Parque Cristal, un centro comercial ubicado al este de Caracas. Solo y con mi vida vacía, tratando de llenarla dándole sentido y un aspecto mucho mas emocionante, día con día no ser uno mas del montón de los que simplemente prefieren una vida cotidiana y aburrida,, mas sin embargo desde que recuerdo nunca en mi vida he tenido éxito en algo, probablemente si, yo resistí mas tiempo estar durante la noche en un panteón donde supuestamente espantaban, aunque es muy confuso porque mis amigos ni siquiera fueron, tal vez quisieron dejarme solo como un tonto, pero esa es otra historia. Hoy tan solo camino entre toda esta gente, mirando cosas curiosas puestas entre las vidrieras, cosas sencillas y vanidosas ,trajes elegantes para gente refinada, joyerías y chucherias de fantasía, algunas cosas caras y fuera de mi alcance, otras baratas pero que ni valen la pena comprarlas. Mientras miraba pensaba en ella, hace tiempo la conocí, o mas bien dicho aun no la conozco, bueno ya ni se, lo único que se es que trabaja en un cyber y yo iba al menos 3 veces por semana, es simpática, ¡no! linda, que digo me trae de cabeza, su sonrisa grabada en mi mente y su cabello negro y hermoso como la noche, largo hasta la cintura, y su cintura que quisiera tener en mis brazos, creo que el pensar en ella me vuelve loco, es mas asta alucinando estoy, y la veo en todas partes, atendiendo en el cine, la modelo que modela ese automóvil toyota rojo, la cajera del súper , el conserje que aunque es un viejo canoso pero aun me parece que es ella, y hasta esa mujer de pantalón negro y top rosa que camina en el pasillo justo hacia donde estoy yo... no, esperen esa mujer es ella, de verdad es ella, ¿que hago?, no se, y si le hablo, ¡no! pareceré un tonto si no se acuerda de mi, piensa, piensa ¿qué hago?. Y fue entonces que mi genialmente cerebro superdotado salio a relucir , era todo un genio, como si fuera una chispa que se encendía en mi , había elaborado el mas exacto y minucioso plan en cuestión de segundos, seria sencillo, me valdré primero de esa mujer regordeta del vestido floreado que sale con un carrito del súper, tan sólo estirare mi pie y lo desviare 45 grados, haciendo que el Sr. del sombrero café retroceda y a su ves al hacerlo este pisara al perro que trae ese niño pecoso, el perro brincara y espantara al señor que limpia los vidrios y cuando baje del banquito tirara la cubeta que contiene agua y jabón para que se esparza, y ella a quien quiero resbale, y allí entro yo con mi brillante papel de súper héroe atrapándola entre mis brazos y por fin aprovechare la oportunidad para invitarla a salir, claro que no podrá rehusarse. Bueno el plan estaba tramado a diestra y siniestra, era hora de ejecutarlo: Venia la Sra. regordeta con el carrito del súper , lo desvié como en el plan, pero ¡Ouch! el Sr. del sombrero café no retrocedió sino que empujo el carrito golpeando a la Sra. que perdió el equilibrio y se desparramo con todo y mandado, volaron las cosas por todos lados, el azúcar, el aceite, algunas cosas pasaban cerca de mi hasta prendas intimas de al parecer eran extra grandes , una lata de sardina que venia cayendo golpeo al Sr. del sombrero café que por fin y atarantado camino hacia atrás, piso al perro a lo que este salio disparado gimiendo y chillando tirando de la cadena, arrastrando al niño que golpeo el banquito donde estaba el Sr. limpiando los vidrios, no puede mantenerse allí y cae precipitadamente encima de la cubeta con agua y jabón, desparramándola por todo el piso y, o sorpresa cayó tanta gente cae como si fuera un castillo de naipes, todo estaba saliendo muy mal tenia que detenerla antes de que pisara el agua, entonces en dirección hacia ella salí corriendo intentando esquivar a las personas, debajo, aun lado, al otro, hasta brinque tratando de no pisar el charco de agua, ¡oh no!, fue demasiado tarde, trate de detenerla pero se me escurrió de las manos y tan sólo pude cerrar los ojos. Cuando los abrí todo era un completo desastre y ella se encontraba tirada en el piso, a lo que un joven apuesto le dijo - Permíteme ayudarte-, Y por la forma en que ella lo miro fue amor a primera vista. Y yo seguí siendo un completo desconocido para ella.

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El ventilador de mi madre.

CONSTANZA! Se la escuchaba gritar a mamá desde su cuarto, ya no soportaba tener que estar a su disposición. Yo sabía lo que ella necesitaba, que le prendiera el odioso ventilador de su cuarto; que en esos momentos estaba muy alto, inalcanzable para ella. Diariamente tenía que subir a encenderle su ventilador. Hasta que un día, solas con la limpieza de la casa no podíamos, entonces mamá contrato a una señora para que esté encargada de la limpieza y el orden. Como papá vivía en el campo; mensualmente nos mandaba dinero para los gastos de cada día; con una parte de esa plata le pagábamos a esta señora. Por fin alguien hacia ese deber en cuenta mía. Aunque yo que siempre la observaba en lo que estaba haciendo, nunca veía que encendiera el ventilador de mi madre. Hasta que un día la curiosidad me venció y me dirigí hacia ella: - ¿Tú le prendes diariamente el ventilador a mi madre? - No - respondió Marta; que con un abrir y cerrar de ojos, corrió su mirada de mi. - ¿Quien entonces se lo prende, si no eres tú? - No lo sé. Se la notaba un tanto fría conmigo, pero sin dar explicaciones me evitaba la mirada. Esta vez me dirigí a mamá y le dije: - Madre, ¿porque ya no me pides que encienda el ventilador? ¿Quién lo hace por mi? - ¿Pero que no eres tú quien lo prende? Estos últimos días sin necesidad de pedírtelo, tú lo hacías antes de que yo te lo ordenara. - No, madre, yo no soy quien te lo prende. - entonces ¿quién lo hace en tu lugar? Ninguna de los tres tenía una explicación; por lo tanto decidí que ese día esperaría a aquella persona u otra cosa que encendiera el ventilador en la habitación de mi madre. Ese día se me hizo muy largo, porque en cada segundo que pasaba no veía nada extraño. Aproximadamente, después de unas cinco horas, la ventana se abrió con un fuerte viento y encendió el ventilador. Corrí rápidamente a avisarle a mamá, aunque al regresar este estaba apagado. Al día siguiente, volví a espiar la habitación de mamá; pero esta vez, se des tendió la cama y con la sábana blanca se formó algo nunca visto. Los típicos fantasmas de cuentos con una sábana que los cubría y ojos agujereados, existían. Yo lo había comprobado con mis propios ojos; algo increíble. Ni Marta ni mamá me creían. Aunque diariamente pasaba lo mismo, un día lograron verlo. Desde ese momento, el “fantasma” nunca volvió a aparecer por la casa. Marta cada día era como una integrante más en la familia. Finalmente, yo creía que ella siempre había sido la causante de este hecho increíble, del fantasma; porque desde su llegada a casa esto había empezado a ocurrir. Ella se fue convirtiendo como en mi hermana; cada día la quería más y más. La que prendía desde esos momentos el ventilador de mi madre, era Marta; mientras que yo, echado en el sillón.

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Encuentro en el Tepuy

Cuando Ale me dijo que estaba embarazada no lo pude creer. Entre lágrimas decidimos que naciera. Nuestras vidas darían un gran vuelco que aceptamos con miedo. Cuando le conté a mis padres casi estallaron de alegría, en cambio, los de Ale armaron un escándalo, incluso asomaron la idea de un aborto.

¿Cómo haríamos?, ¿Dónde viviríamos? No había respuestas.
Poco a poco fuimos inventando. La boda de rigor, muchísimo menos fastuosa a la imaginada por Ale durante años. Un apartamento alquilado. Citas al doctor. ¡Será niño! El nombre. Arturo. Meses de ajustes y reajustes. Más espera, más miedos. El parto.

Arturo falleció. Ale también.

Pasé más de dos meses recluido en casa, la de mis padres, a donde volví. Me despidieron del trabajo por mis ausencias recurrentes. La mayoría de mis amigos me había dejado de llamar, desalentados por mis negativas. Sólo Federico persistió, "Anda Andrés, contéstale", me dijo mi mamá. Lo hice para complacerla. La idea de Fede me pareció descabellada. Irnos a la Gran Sabana a encaramarnos en el Roraima, el tepuy más grande. Fede tenía meses trabajando en Expedición, un programa de TV de documentales de parajes naturales venezolanos. No conocía a sus compañeros de trabajo, y me sentía sin fuerzas, ni para subir las escaleras de mi edificio me alcanzaban. Sin embargo, acepté.

Había escuchado que la concentración de energía de los tepuyes era tan fuerte que muchos que los recorrían enloquecían. En esos meses había sentido varias veces que en cualquier momento perdería la razón. Necesitaba hacer algo o quizá no habría vuelta atrás. Esa llamada significaba eso, algo, ¿la mano salvadora? Fede se rió cuando le dije que yo no sabía escalar. El ascenso sería en helicóptero.
Justo una semana después, estábamos sobrevolando el río Orinoco y la selva amazónica, escuchándole al jefe de la expedición que los pemones creen que los tepuyes son dioses que quedaron petrificados.
Al instalarnos en la posada, salí a conversar con el muchacho que nos ofreció sus artesanías en la entrada. Quería indagar acerca de los casos extraños de los que tanto se hablaba que ocurren en la Gran Sabana. Pune, así me dijo que se llamaba, me mostró unos dibujos hechos por él. En todos había una de luz que rodeaba a las inmensas formaciones rocosas. Según él, era común ver luces a su alrededor cuidando a sus dioses protectores que ahora sólo dormían, pero que algún día despertarían. Me contó que mucha gente bajaba de los tepuyes muy cambiada. "¿De qué manera?"- le pregunté. No contestó. Dijo que se tenía que ir, se fue corriendo.

Entré y le pregunté a la dueña de la posada acerca de los casos extraños que ocurrían relacionados con los tepuyes. Me contó que una noche se despertó por un ruido, cuando se asomó por la ventana vio bajar del Roraima una "bola de fuego", que antes de llegar a la tierra desapareció. No quiso hablar más. Me acosté preguntándome cómo no se sabía más acerca de esto.

A la mañana siguiente, le pregunté al guía de la excursión. Me respondió para aquietarme que "en ocasiones se producen distorsiones del campo visual por el contraste entre la falta de luz y el brillo de las estrellas. Son meros efectos de percepción óptica". No le creí. Le conté a Fede que tenía miedo de subir. Se rió, y entre bromas y empujones me obligó a recoger mi mochila y a correr al helicóptero que nos esperaba.

Al llegar a la cima, la sensación era la de estar en otro mundo. Había plantas con hojas gigantes de colores que jamás había visto. Pequeños riachuelos, diminutos lagos, un oasis rodeado de cuevas con estalactitas que formaban figuras hechas de rocas multicolores... El grupo estaba fascinado. Cuando volteé a mirar una palmera, no vi un hueco. Caí. Me fracturé un tobillo.

El médico del grupo me enyesó. Me armaron una carpa, y acordamos que los esperaría allí por un día y una noche. No había forma de ser buscado por el helicóptero y ellos debían terminar de grabar el recorrido hasta el otro extremo de la cima. Fede me preguntó si quería que él se quedara haciéndome compañía. Me negué, lo convencí de que siguiera con el grupo. Nada me pasaría, estaría "todo bien".
Me dejaron comida y me abrazaron. Al alejarse, Fede que iba de último me gritó que menos mal que no me fracturé la mano, porque ¡así podía hacerme unas cuantas pajas! No quise salir de la carpa. Me habían advertido que nosotros éramos el único grupo en ese momento en el Roraima. Me dejaron un radio contacto que funcionaba a medias por las interferencias. Traté de no estresarme, el guía me había dicho que no había animales peligrosos. Me encerré en la carpa, intenté dormir por horas. No pude.

A las 4 de la tarde cayó la noche. Una lluviecita interminable me heló hasta el alma. No tenía visibilidad a más de dos metros a la redonda. Todo lo que veía era neblina casi sólida, que perfilaba las rocas y rozaba el suelo. Comencé a sentir un cosquilleo. La sensación de soledad y de fragilidad se adueñaron de mí. Siguieron horas eternas en las que comencé a escuchar ruidos intermitentes. Eran pasos. No me atreví asomarme. Una voz me heló. Era Ale.
"Andrés, sal para que veas a Arturito".

Unas manos tocaron la carpa. Hundieron el techo y los costados. No puedo contar más. La locura se adueñó de mí. Tras haber perdido a mi mujer y a mi hijo me estaba perdiendo a mí mismo, pero cuando los vi... cuando vi lo mucho que Arturito se parecía a mí....

Al despertar ya había amanecido, Ale y el bebé se habían ido. Salí arrastrándome con el yeso, y me encontré con la nada nuevamente. Tuve la sensación de que alguien me miraba detrás de la carpa. Era una sombra que se movía. Pasos nuevamente. Le grité que se detuviera. A los pocos segundos las pisadas se desvanecieron. Entonces oí algo perturbador. El llanto de un bebé amortiguado por la distancia.

A las horas volvieron Fede y sus compañeros, no me atreví a contarles nada. Se asustaron por mi cara. Me preguntaron mil veces si me había pasado algo, que por qué no los miraba a los ojos. A veces temblaba fuerte y me preguntaban si tenía frío y me tomaban la temperatura. Me consolaron. Llegó el helicóptero y me llevaron al médico. Le rogué que me ayudara a regresar a la cima de ese paraíso perdido, donde estuve tras las huellas de mi locura que aún no termino de encontrar.

Los tepuyes son mesetas rocosas especialmente abruptas, características del denominado Escudo de las Guayanas.

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miércoles 7 de septiembre de 2011

MI OTRO YO



Aquella noche, me desperté por el sonido de unos golpes desaforados.

Me senté en la cama, paralizado, con el corazón bombeante, pero durante unos minutos, además de un perro ladrando y un auto pasando, no escuché nada más. Dudé si había sido un mal sueño.
Nadie podía buscarme de esa manera.
Hubiera podido acercarme a la puerta y aclarar la situación, pero estaba preso del miedo. Jamás sentí temor por la oscuridad, pero esa noche era diferente.
Me quise convencer de que los golpes habían sido producto de mi imaginación, el guión de una de mis pesadillas persecutorias. Pero apenas recosté mi cabeza sobre mi almohada, comenzaron a tocar de nuevo, más fuerte.
Temblando, saqué fuerzas para ir a ver.
- ¿Quién es? -pregunté a los gritos.
Una voz, exactamente igual a la mía, me contestó con firmeza.
- Soy yo.

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